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Claves para una alternativa.
by enviado por F Espinoza
Friday, Dec. 09, 2005 at 7:22 AM
fernando19500109@hotmail.com
Claves para una alternativa...
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Desafiando al modelo neoliberal
La alternativa, ¿cómo se construye?
por Arnaldo Pérez Guerra De la mano de la Concertación, la desigualdad ha alcanzado límites escandalosos. Informes de Cepal, Pnud e, incluso, la Conferencia Episcopal, advierten que el desequilibrio económico en nuestro país es una “vergüenza”. El Informe Mundial sobre Desarrollo Humano (2004) nos ubica entre las 10 economías del planeta con mayor grado de desigualdad. Señala que el 20 por ciento de la población con menores recursos accede sólo al 3,3 por ciento de los ingresos. Mientras, el 20 por ciento más acaudalado obtiene el 62,2. En nuestro país, sólo 750 mil personas -el 10 por ciento más rico-, acumula 209 veces más que el 5 por ciento más pobre. En 1990, la diferencia era de 130 veces: se agudizó con la “justicia de lo posible”, “los nuevos tiempos” y el “crecimiento con igualdad”. Los trabajadores viven esta aplastante realidad completamente marginados de la política nacional. Una disposición constitucional impide que dirigentes sindicales accedan al Parlamento, pero éste se llena de empresarios y lobystas de las transnacionales. Qué ocurre en el movimiento social que las fuerzas antineoliberales no han podido salir de su aletargamiento. La estrategia de acumular fuerzas ha caído de fracaso en fracaso, profundizando su dispersión. Muchos referentes sólo pisan terreno “electoral”, olvidando que la verdadera construcción está en lo cotidiano. “No hay una alternativa en pie que enfrente al neoliberalismo más allá de lo coyuntural y exprese, verdaderamente, el sentir del movimiento social para el cual la única estrategia es organizar desde las bases”, dice Arturo Adriazola, dirigente de la Coordinadora Nacional de Deudores Habitacionales (Cndh). “La mayoría del pueblo vive la despolitización que se impuso a sangre y fuego, y que la Concertación amplió al traicionar las esperanzas de muchos chilenos que confiaron en sus promesas”, agrega Ernesto Carrillo, presidente del Sindicato Unión y Progreso de Lota. La Concertación desmovilizó y ayudó a fragmentar aún más el movimiento social. Y así, se siguen dando “palos de ciego”. Son dos millones y medio los ciudadanos que no votan ni se inscriben, permaneciendo fuera de un sistema que no los representa. Muchos, no son indiferentes. “Las pequeñas luces de cambio están en lo social, en los grupos de trabajadores y corrientes antineoliberales. Chile necesita una alternativa al sistema que representa la Concertación y la derecha, pero ésta sólo se va a construir fortaleciendo y unificando expresiones sociales hoy dispersas, incorporando nuevos actores, perdiéndole el miedo a la lucha social”, dice Manuel Carrasco, presidente de la Asociación Nacional de Funcionarios del Registro Civil e Identificación. El movimiento social sigue su camino Para Arturo Adriazola (Cndh), lo importante es la “unidad de los pobres”, como la llaman los deudores habitacionales. La Cndh en su lucha ha ido uniendo a los deudores Serviu con los de la Reserva Ministerial y Chile Barrio. “Hay un trabajo que nosotros llamamos ‘de clase’ o ‘unidad de los pobres’. Entendemos que este sistema político-económico que se proyecta desde la dictadura y que ha sido profundizado por la Concertación, no está hecho para los trabajadores. Sobre esa base construimos con el poblador común y corriente, con la dueña de casa, temporeros, cesantes, trabajadores eventuales, armando unidad. ‘Política de pobres’ que consiste en reconstruir el tejido social despedazado por décadas”. No trabajan para aparecer en televisión. Construir desde la base pareciera ser una premisa fundamental, desde las asambleas de pobladores -señala-, organizando a comités y a delegados. La política se discute ahí, y ven cómo avanzar. En las comunas se agrupan por sectores y se reúnen una vez por semana en periodos álgidos. Cada sector comparte su trabajo y experiencias. “Somos una organización pequeña, pero reunimos a unas ocho mil personas. No representamos a los 260 mil deudores. Trabajamos en función de la gente que tenemos organizada, no de una entelequia o de pensar que representamos a todos. No nos levantamos como representantes de sectores que no tenemos organizados, que muchas veces ni siquiera saben que existimos”, agrega. Otra voz es la de Juan Córdova, presidente del Sindicato de Discapacitados Amengual. Para él la construcción de una alternativa pasa por el mismo camino: “Lo que se levante debe inmiscuirse en los problemas reales. Nuestra lucha ha sido muy fuerte. Hicimos huelgas de hambre frente a la municipalidad de Santiago exigiendo el derecho al trabajo, un problema real. Cualquier construcción política que pretenda transformar y solucionar los problemas de los pobres debe ser necesariamente social. Y es fundamental que se base en la solidaridad y el respeto a la diversidad. Muy pocos nos apoyaron porque no reuníamos el perfil que representan las organizaciones que se dicen de izquierda. Eso es un error”. Para los allegados y sin casa de Huechuraba la experiencia les indica que la organización y el objetivo de ésta es primordial para avanzar: “Los pobres no tenemos otra alternativa que tomar el camino de la lucha y la organización independiente para resolver nuestras necesidades y defender nuestro derechos. El poder no tolera el avance de los pobres organizados y hace todo lo que tienen a su alcance para deslegitimarnos y dividirnos. Un mejor futuro depende de nosotros mismos. La rabia llega al darnos cuenta que no nos escuchan y de ver cómo cientos de familias viven allegadas, en malas condiciones, mientras que hay terrenos desocupados. Muchos se sienten abatidos por la indolencia. Con la organización nos unimos, aprendimos a ser más solidarios, superar dificultades, respetarnos, y lo que es más importante, luchar por nuestros derechos. Tenemos derecho a vivir mejor. La única solución es construir organización popular y trabajar unidos. Cuando comenzamos, muchos nos decían que los tiempos no eran los mismos, que las condiciones habían cambiado. Pueden cambiar muchas cosas, pero no el derecho a una vida digna”, señala Andrea Reyes de la Agrupación por la lucha de los allegados y sin casa de Huechuraba (Aplach). Para estos dirigentes, las luchas reales son masivas. No creen en quienes se erigen como “representantes” de una masa que está a la espera o no sabe lo que ocurre. Trabajan en asambleas abiertas que definen su línea de acción en las poblaciones y comunas, ésa es su forma de hacer política y de que las organizaciones construyan su camino. Señalan que los dirigentes deben “conducir, no mandar”, y que es la base social la que los define y les da sustancia. Así, se evita lo que hoy es una constante: un grupo dirigente allá, y los que dicen representar, en otro lado. Hay un resquemor con la política tradicional que es sólo electoralismo, promesas sin cumplir. Se nota una profunda desconfianza. No quieren saber de la política porque echan a todos en un mismo saco, no creen en ella ni la ven como parte de sus vidas y necesidades. Creen en sus organizaciones y en las luchas que van dando resultados y generan unidad. “Los partidos acuden a las peleas sociales sólo en busca de votos, lo que los transforma en un elemento de división. Si una organización o sus dirigentes se abanderan, la lucha social se divide. Nosotros marcamos con claridad que somos independientes del gobierno, de parlamentarios, municipalidades y partidos políticos. Nos unimos en función de levantar propuestas y movilizaciones para favorecer la lucha que estamos dando y no otro tipo de cosas. Buscamos evitar que nuestra lucha sea instrumentalizada. Las decisiones emanan de asambleas y detrás ellas no hay nadie más. En otras organizaciones se unen partidos como la UDI y el PC. Eso, no lo entendemos. En nuestro caso luchamos por una reivindicación con profundidad de clase”, dice Adriazola. Experiencia inédita “Nos debemos preparar políticamente, ética y moralmente para construir una alternativa al modelo”, señala Oscar Novoa, dirigente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Santiago (Feusach). Entre los estudiantes el cómo construir organización pasa por generar poder estudiantil en centros de alumnos, plenos y claustros. En la coyuntura actual contra de la Ley de Financiamiento y el mercado educacional, a ojos ajenos pareciera que se trata de problemas aislados. “Pretendemos trasversalizar nuestras demandas. Hacerle entender a la ‘señora Juanita’ que nuestra lucha es también la suya, y que está hermanada con sus problemas, la vivienda, la salud, el trabajo, y un largo etcétera. Construir una alternativa al modelo necesariamente pasa por desenmascarar a los operadores del poder que están en la Concertación y la derecha. Una alternativa real debe ser amplia, diversa, pero con una visión política clara. Apuntar a cambios estructurales. Muchos tildan de gremialismo posturas que privilegian lo social. Cada sector social debe organizarse y en las luchas se irán hermanando”. Experiencia inédita fue el apoyo de los estudiantes de la Usach a los cesantes de Lota, que permanecieron varias semanas en Santiago exigiéndole a las autoridades cupos de empleo. La mayoría trabaja en la recolección de algas, luego que las minas de carbón fueron cerradas por el gobierno de Frei Ruiz-Tagle. “Se cerró la mina y se agudizó la cesantía. Somos hijos y nietos de mineros. Pedimos trabajo, pero al alcalde de Lota le da lo mismo. Nos mandó a hablar con autoridades regionales y se molestó por las marchas y huelgas de hambre, tildándonos de delincuentes”, dice Ernesto Carrillo, presidente del Sindicato Unión y Progreso. “Llevamos años movilizándonos. Hemos conversado con todas las autoridades. Hace unos meses nos ofrecieron 48 mil pesos mensuales por media jornada para 40 socios, una burla. La cesantía en Lota -17 por ciento según el gobierno, pero más de un 30 por ciento en realidad-, se transforma en prostitución, delincuencia y drogadicción. No hay industrias y la recolección de algas y pesca artesanal están muriendo. Las autoridades nos dicen que ‘emigremos a Chillán’, es el colmo. Una alternativa para los trabajadores debiera pensar un proyecto de país que instale empresas y abra nuevas minas, solucionar nuestros problemas. Nuestro sindicato se llama Unión y Progreso: la unión es luchar juntos por nuestra dignidad. Para cambiar hay que construir algo que incorpore los problemas del pueblo, buscar soluciones viables. Ya no creemos en las promesas. Recibimos la solidaridad de los estudiantes que nos acogieron y nos acompañaron. Esa es la única forma de construir”, concluye Carrillo. “Nunca más solos” El 1º de mayo, un numeroso grupo de dirigentes sindicales, sociales y trabajadores marchó bajo el lienzo “Trabajadores, pobladores y estudiantes, nunca más solos”, en dirección al escenario. Cuando comenzaba el discurso de Arturo Martínez, se alejaron en bloque, demostrando su descontento con la conducción de Cut. Se han agrupado en un espacio donde plantean cómo desarrollan sus luchas, cuáles son los criterios de autonomía, independencia y construcción social que los motivan. Participan sectores tan diversos como la Coordinadora Nacional de Deudores Habitacionales (Cndh), el Movimiento por las Asambleas del Pueblo, el Colectivo Andamios; trabajadores del Banco de Chile, Coppelia, Transportes Lorca, Viña San Pedro, Sindicato Interempresa Nacional de Trabajadores de Contratistas y Subcontratistas (Sintrac), Sindicato Interempresa de Trabajadores de Entel-Siten y de la Asociación de Funcionarios del Registro Civil e Identificación, entre otros. “No basta que se junte un grupo de dirigentes, sino que pobladores, estudiantes y trabajadores comunes y corrientes se sientan interpretados. No es un pliego de peticiones que sale del aire. Es un proceso de convergencia natural. Armando unidad, pero unidad real, no superestructural. Este proceso ha sido fortalecedor, no sólo en términos de elaborar ideas en conjunto, sino de apoyo real a nuestras peleas”, señala Adriazola, uno de los participantes. Manuel Carrasco, presidente por dos periodos consecutivos de los funcionarios del Registro Civil, agrega: “‘Nunca más solos’ es un mensaje para todos los trabajadores. Queremos agrupar inquietudes, reivindicaciones y confluir en una corriente que, primero que nada, debe ser autónoma de los partidos. El conformar política sindical con autonomía no debe impedir coordinarnos. Es el momento de unirse y darle la espalda a quiénes nos han traicionado. Sentimos algo común: la mayoría quiere llevar adelante una política independiente y conformar una corriente avanzada. Es un embrión. Muchos dirigentes no tienen preparación y son cooptados, lo que no ha permitido avanzar en mayores conquistas. Creo que la alternativa está en una política sindical y gremial libre, que permita que la voz de los trabajadores se exprese, no que lo hagan -como hasta ahora-, sólo las cúpulas. La Cut no tiene ninguna representatividad. La Anef, obedece a partidos. Allí no se construye desde la base, ni se considera nuestro pensamiento y necesidades. Se desdeña la formación y educación. Los trabajadores deben apoyarse, sumar sus luchas, organizar y formar nuevos dirigentes. Es política de todos los días”. Muchos dirigentes sociales se han alejado de la política partidaria por cómo ven que se manejan las decisiones. “Una alternativa solo será posible con la fuerza de los trabajadores, coordinados, organizados y movilizados. Es la única forma. No sacas nada con convencer a dirigentes, el trabajo sólido está en crear conciencia en cada trabajador, construir con la vista en los auténticos problemas. Hay una crisis de representación, y la política ha sido desprestigiada por los partidos, el modelo económico y, principalmente, por quienes obedecen o quieren ser parte de él. A los únicos que beneficia el desprestigio de la política es a los grupos económicos que quieren que todo siga igual. No me siento representado ni por el Podemos, ni por la Cut, ni siquiera por la Anef. Llegó el momento de pensar si vale la pena seguir movilizándonos para ellos. Pienso que es mejor trabajar por una corriente nueva que seguir de espectador de acuerdos cupulares”, dice Carrasco. Adriazola, agrega: “Creo que debemos avanzar con la unidad de nuestras luchas. Los pobres tienen la capacidad de representarse solos. Se requiere, sin lugar a duda, que intelectuales, académicos, y todos los que quieran favorecer las luchas populares, presten su apoyo, pero que se subordinen a las políticas que levantan las organizaciones sociales, no al revés. La pobreza no se resolverá con pequeñas luchas. Nuestra lógica es distinta a la de los partidos. No sé si estamos construyendo una alternativa, pero levantamos a la gente en su pelea. De ahí puede surgir algo. La primera tarea es ponerse de pie, luchar, y ahí se verá cómo el movimiento crece. Quizás los horizontes no sean muy claros en el cómo, pero sí en el dónde nos ubicamos. Queremos que los problemas se resuelvan en el fondo, no ‘por el ladito’. La propia gente debe definir sus metas. En otros tiempos se armaban organizaciones que definían plazos, pero se demostró que esa política no sirve. Hay que construir desde abajo, con otros ritmos. Solo así se pueden dar pasos sólidos”.
Fotos: Los dirigentes Arturo Adriazola y Manuel Carrasco.
* Una versión de este artículo fue publicada por Punto Final.
¿Cómo construir es la cuestión?
por Arnaldo Pérez Guerra
El gobierno se felicita por las recientes cifras macroeconómicas. El 2004, el Producto Interno Bruto (PIB) creció un 6,1%, la mayor tasa durante la administración de Lagos. Pero, los números ocultan una profunda injusticia. No es necesario leer entre líneas, pues el propio Banco Central señala que el crecimiento se sustenta en la explotación de recursos naturales: pesca, silvoagropecuarios y minería. No es coincidencia que los mayores grupos económicos en nuestro país exploten (depreden) los recursos naturales: Angelini -pesca y forestal-, Luksic -minería- y Matte -forestal-. Los diez principales consorcios -la mayoría de ellos ligados a estos grupos-, obtuvieron ventas por más de 15 mil millones de dólares sólo en el primer semestre de 2004. Apenas el uno por ciento de las empresas realiza el 96 por ciento de las exportaciones y factura el 75 por ciento de las ventas anuales de nuestro país. Son los grupos económicos los que realmente crecen cuando se dice que Chile crece. Mientras el modelo siga profundizándose, los trabajadores no tendrán un futuro. Quienes luchan por construir alternativas debieran tomar nota de cuánto ha penetrado este sistema en nuestra sociedad. La inmensa mayoría de las luchas sociales vindica su pequeña parcela, sin traspasar lo local, a tientas, sin perspectivas claras de un camino que conduzca a cambios profundos. Articulaciones en ciernes apuntan a construir unidad, comunidad de muchas comunidades, redes sociales, coincidiendo en que cualquier proyecto por levantar debe respetar sus diferencias, autonomías y la construcción desde la diversidad. “Estar en red” Orietta Fuenzalida, directora de la Asociación Nacional de Funcionarios del Trabajo de Chile (Anfuntch), que agrupa a unos 1.300 trabajadores, señala que los movimientos sociales que salen a dar la pelea no debieran estar solos. “Esa es la verdadera concertación: ser solidarios, encontrarse en todas estas peleas que se dan para vivir en un mundo mejor. La alternativa se forja en lo cotidiano. Los partidos o la militancia son una característica más de los grupos y movimientos pero no lo determinante. Lo que se construya para cambiar el modelo debe partir desde la base, desde quienes viven la precariedad. Es en la organización básica desde donde emergen alternativas a los problemas de la gente común, sin ideas preconcebidas. Las necesidades están bastante a la vista. Tampoco es cosa de mirar al pasado o a los clásicos. La alternativa emergerá en el movimiento popular y, para eso, hay que estar atentos a lo que pasa y a los que luchan. Una alternativa debiera incorporar nuevas luchas, coordinarse, conectarse, estar en red, por decirlo de alguna forma”. Es cierto que por abajo algo pasa y los grupos sociales parecieran estar rearticulándose poco a poco. En universidades, sindicatos y poblaciones hay actividades y movimiento. “Esto avanza y nos gustaría que fuera distinto, pasar a otra etapa donde se plasmara la acumulación de fuerzas, pero no es la primera vez que nuestro pueblo enfrenta una descomposición de sus organizaciones y una rearticulación en pequeño. Alternativa: sí; necesidad de alternativa: sí; unidad de los sectores en lucha: sí; pero, primero hay que conformar sectores en lucha”, agrega Ernesto Pérez, dirigente del Colectivo Andamios. Coinciden en que las estructuras partidarias y sindicales siguen operando con modelos que han sido sobrepasados. La CUT reclama contra la flexibilidad laboral cuando ya el 80 por ciento del país está flexibilizado. El PC y grupos a su alrededor buscan cupos en el Parlamento cuando en el campo popular el desencanto y la desconfianza ha hecho que millones no se inscriban ni voten porque no se sienten parte de eso. Una idea que comparten es que las organizaciones se debieran componer por personas que no sean ajenas al territorio en el que se trabaja. Los promotores de grupos o dirigentes transplantados tienen nefastos resultados. El horizonte es que los pobres se representen a sí mismos y darle lucha a la dura embestida contra la conciencia popular, perneada hoy por el individualismo, el pragmatismo y el “sálvate solo”. “Creo que se debe afianzar y consolidar los trabajos territoriales, todavía muy embrionarios. La alternativa no está a la vuelta de la esquina y debemos dar pasos sólidos para construirla. No podemos ser irresponsables y llevar a compañeros una vez más al desencanto, a dar peleas perdidas. Las elecciones pasan una tras otra, pero nosotros debemos seguir el proceso de trabajo, de acumular pero politizando a los sectores sociales. A principios de los 90, entre quienes siguieron activos, se instaló la idea del ‘trabajo de hormiga’. Es el trabajo cotidiano el que permite avanzar políticamente y consolidar embriones de poder popular”, agrega Pérez. Orietta Fuenzalida, por su parte, piensa que los movimientos sociales están capacitados para construir alternativas, pero un grave problema es la instrumentalización: “Todos perciben la utilización política de las luchas que hace la CUT y algunas confederaciones y sindicatos. Las mediatizan a los objetivos de determinados partidos, sobre todo aquellos que están en el poder o que aspiran a eso. Así, los movimientos pierdan su peso y apoyos. El modelo de representatividad e intermediarios, está en crisis. La base ni siquiera hay que buscarla por el lado de los partidos. Las cosas se mueven desde abajo y cuando esto avance será como un río que lleva su fuerza y tendrán que sumarse quienes estén por defender el trabajo, la naturaleza, la vida. Los demás se quedarán solos. La gente quiere construir algo distinto, fijémonos muy bien en lo que pasa en Bolivia. Su mensaje es claro: los partidos no han dado ninguna solución a campesinos, etnias y trabajadores. Votamos para darle nuestra representación a quienes después tienen un rol nefasto, ¿que nos queda? no aceptar ese modelo, no ponernos la soga al cuello. Queremos una democracia más directa, más real”. “Politizar a los sectores sociales” Una interesante experiencia es la de la Casa América del barrio Yungay, un centro cultural. Comenzaron el 2001, jugando a la pelota con los vecinos y, luego, ligándose con inmigrantes, borrando rayados antiperuanos. Al calor de eso, surgió una Coordinadora Barrial cuya idea era conocerse y tener un mínimo contacto para no hacer actividades el mismo día. La cosa prendió. Dieron charlas con los piqueteros argentinos, otra sobre el Plan Auge, crearon un boletín financiado con avisos de pequeños negocios. Se coordinaron con enfermos crónicos del sector y terminaron involucrados con el problema de la salud. Carlos Cortez, dice: “Pensamos que la salud es un problema que atañe a no sólo a sindicatos, juntas de vecinos o centros culturales. En la zona hay 21 consultorios y 20 Consejos de Desarrollo Local de Salud. El alcalde de Independencia, Garrido (RN), es el único que se niega a impulsarlo. Trabajamos con los Consejos de Desarrollo Local, con la Unión Comunal de Juntas de Vecinos de Huechuraba, el Prais de Recoleta, Conchalí e Independencia, entre otros. Son miles de personas, pero aun es una organización precaria. Además, los Consejos no son resolutivos. Queremos levantar una organización de base en el campo de la salud, con un concepto más amplio. Nuestro Consejo de Salud Norte tiene la diferencia de ser una organización autónoma, construida por los propios sectores populares, lo que no implica que no trabajemos en instancias gubernamentales, pero desde otra perspectiva”. Algo de eso tiene también Andamios, que partió como un colectivo universitario y hoy está compuesto por estudiantes y trabajadores. Nunca se plantearon constituir un colectivo de reivindicación estudiantil, sino hacer política en la universidad, concienciar, reconstruir el tejido social. También funcionan en asambleas, donde no hay jerarquías, pero sí distribución de trabajados. Respetan la autonomía territorial y los distintos ritmos en cada lugar. En la asamblea se discuten lineamientos, el qué hacer. La participación es activa y horizontal. “Creemos que es posible y necesario crear una alternativa. Amplios sectores se han ido dando cuentan del agotamiento del modelo y que las promesas post dictadura ya no se cumplieron. Cada día tenemos que afrontar más problemas en educación, salud y vivienda. ¿Cómo hacer una alternativa? Eso es lo difícil, pues no están dadas las condiciones para un ideal, o sea, una gran masa de pueblo politizada, donde los distintos sectores convergen en sus demandas por un proyecto político. Pero, para que suceda necesitamos un paso previo que todavía no está consolidado pero sí en construcción: unir y politizar a los sectores sociales. No se pueden tomar atajos. Por ejemplo, pensar que si posicionamos una alianza electoral vamos a poder, desde ahí, irradiar hacia el pueblo organización. O pensar que bastaría con solo con pequeñas porciones de organizados, juntarlos en coordinadoras y, a partir de eso, producir la unidad por la base. El paso previo es consolidar la reconstrucción de un pueblo conciente, transformar el malestar y la indignación en conciencia y organización territorial”, agrega Pérez. “Visión más global y colectiva” Para Carlos Cortez, no hay espacios de participación en el gobierno. Los puntos de vista de los sectores populares no son tomados en cuenta. Ellos se han organizado como un anexo de las Juntas de Vecinos. “Es cierto que los movimientos sociales están hoy dispersos, pero nosotros aportamos en el sentido que identificamos a la salud como una demanda popular transversal. Es uno de los pocos problemas por los cuales la gente se mueve y bastante. Todo el paquete que comúnmente se conoce como Plan Auge apunta a privatizar la salud, contra eso nos movilizamos. Cuando se planteó la Reforma, la entonces ministra de Salud, Bachelet, impulsó mesas de discusión. Efectuamos durante un año y medio mesas de salud participando junto a 109 organizaciones. De todas las proposiciones que hicimos no fue incluida ninguna ni siquiera en el proyecto. Salud implica que los trabajadores tengan una remuneración adecuada, condiciones de vida dignas, esparcimiento, un sin fin de aspectos. El hecho de articular no solo a los enfermos, sino a clubes deportivos, sindicatos, centros culturales, va produciendo contactos entre organizaciones, coordinación para luchar. Creamos lazos y concientizamos hacia una visión más global y colectiva, de ahí puede surgir algo, una alternativa o como quieran llamarle”. Compartir estas experiencias muestra que existen otros caminos. Es posible organizarse fuera de los espacios que otorga la institucionalidad, sin que eso implique aislarse, muy por el contrario. “Es factible construir una propuesta de salud desde los sectores populares, pero no la podemos hacer solos. Nosotros incorporamos a toda la gente que trabaja en un territorio a la problemática de salud. Es una idea y nuestra forma de construir. Una demanda trasversal debiese ser cambiar el modelo. Un sector lo tiene claro pero el común de la gente no liga su reivindicación con ese cambio. Hay que educar y concientizar, pero en la práctica. Cada vez hay sectores más amplios que no tiene ninguna confianza en que las cosas se vayan a resolver con este sistema, pero uno de los problemas son las propuestas, el qué hacer. De la unidad puede surgir una alternativa, aunque la gente desconfía de la política tradicional. En la última elección municipal, en nuestra comuna se presentaron 26 candidatos a concejales y tres a alcalde. En la radio local hicimos una síntesis de los problemas más graves y movilizaciones en el barrio, ninguno de los postulantes había estado con la gente ni una sola vez”. Imbuirse sólo en pequeñas construcciones de carácter social tampoco es el camino, porque eso lo puede capitalizar cualquier grupo político. Ernesto Pérez concluye: “Pueblo organizado le puede servir a la UDI, al Podemos o a una alternativa revolucionaria. La organización popular debe tener un contenido de clase. Poder popular pero que se oriente a la transformación radical de la sociedad. Ese es el horizonte, y nuestra tarea hoy es afianzar nuestras construcciones para desde ahí dar el salto a la disputa del poder. Es fácil hacer política principista y decir: ‘tenemos la verdad del cambio social, somos revolucionarios, y el que no nos sigue está equivocado’. La alternativa no la va a construir un grupo o un partido, tiene que ser el pueblo organizado, por eso se deben hermanar las luchas, pero desde el contenido”.
Fotos: Los dirigentes Orietta Fuenzalida y Carlos Cortez.
* Una versión de este artículo fue publicada por Punto Final.
Claves para una alternativa
por Arnaldo Pérez Guerra La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), en un estudio reciente, señala que el 18,6 por ciento de la población total de Latinoamérica -cerca de 96 millones de personas-, sobreviven en la pobreza extrema, lo que se llama línea de la indigencia. El número de pobres, incluidos los indigentes, se estima en 222 millones, que representan al 43 por ciento del total de latinoamericanos. Para entender mejor, uno de cada cinco habitantes no tiene qué comer ni dónde dormir, mientras cuatro de cada diez pasan hambre y trabajan cuando pueden para sobrevivir. La traba para el desarrollo sigue siendo el endeudamiento de los gobiernos. Cepal ubica el monto actual de la deuda externa en la sideral cifra de 750 mil millones de dólares. Un factor estructural más que preocupante. “La superación de la pobreza absoluta en la región no puede desconocer la necesidad de velar por la generación de empleo -en cantidad y calidad adecuadas-, toda vez que la mayor parte de los recursos de los hogares destinados a satisfacer las necesidades básicas de sus miembros proviene de los ingresos laborales. En la década de los 90, siete de cada diez nuevos puestos de trabajo generados en la región fueron informales, de baja productividad e ingresos. Por tal motivo, una elevada fracción de la fuerza de trabajo no cuenta con sistemas adecuados de protección social en materia de salud, seguro de desempleo y acceso a sistemas de jubilación y de pensiones que aseguren niveles de bienestar justos para la población adulta mayor”, dice Cepal. Chile no escapa y aunque las cifras de indigencia y pobreza mejoren, nadie sabe a ciencia cierta qué ocurrirá con los millones de trabajadores que no podrán pensionarse porque no poseen fondos. La actual campaña publicitaria de las AFPs es un completo engaño. La deuda previsional asciende a 450 millones de dólares, incluida la cada vez más creciente apropiación indebida de cotizaciones. Un tercio de los cotizantes no tendrá ni siquiera fondos para optar a una pensión mínima. Alianzas políticas y multisindicales parecieran no preocuparse de este grave problema. Juntos Podemos se muestra satisfecho con un aumento en las encuestas de un uno a un tres por ciento. La derecha, huele su derrota y trata de revertirla apelando a más denuncias de corrupción. La Concertación, actúa con arrogante optimismo viéndose vencedora en primera vuelta… Y la CUT, se reúne con Hernán Somerville, presidente de la Corporación de la Producción y el Comercio (CPC), augurando un nuevo pacto que le pondrá la guinda a la torta de la flexibilización laboral. Mientras, la construcción de una alternativa sigue en el difícil camino de la dispersión. Autonomía, independencia y solidaridad La construcción de una alternativa es un problema es de todos, no sólo de los partidos o alianzas populares. “Los trabajadores debieran estar en el centro de cualquier política”, dice Octavio Tapia, del Movimiento de Trabajadores Clotario Blest (MTCB). Saúl Vargas, presidente de la Confederación de Sindicatos de Santiago Poniente (Confesima) señala que para construir una alternativa, lo primero es reconocer algunas realidades, por ejemplo, que en nuestro país no existe un movimiento sindical: “Lo que hay es una gran cantidad de organizaciones atomizadas y una la CUT que agrupa a algunas de ellas pero donde los trabajadores no son los que la conducen”. Coinciden en que los pocos sindicatos organizados representan menos de un siete u ocho por ciento del total de los trabajadores. “Hay más de un noventa por ciento de trabajadores que no está organizado. Además, de los organizados, es ínfima la cantidad que puede negociar colectivamente. Aunque los sindicalizados nos uniéramos no es mucho lo que podríamos cambiar del escenario político. No hay un movimiento y la clase trabajadora no está organizada. Nuestra primera tarea es salir a organizar, pero en serio”. Tapia y Vargas aseguran que la dictadura sigue presente en la empresa privada que paga lo que quiere, despide y persigue a los trabajadores que han perdido derechos laborales y ven flexibilizado cada vez más el empleo. La desmovilización es un problema. Muchos perdieron la credibilidad en el sindicalismo y las organizaciones. Sienten a la CUT como una central oficialista y una correa transmisora del gobierno de turno. Entienden que la movilización tiene mucho que ver con la democracia que se quiere, con levantar un proyecto alternativo que sirva realmente a los trabajadores. La Confesima agrupa a sindicatos industriales de todas las ramas que tienen su asiento en los otrora cordones industriales de Maipú, Quilicura y Macul-Quilín. Son 66 sindicatos y, dependiendo de la temporada y de los despidos, bordean los 5.000 obreros. Participan con la Federación Norte que agrupa a 14 sindicatos de Quilicura, con más de mil socios y la Federación del Plástico, que reúne otros diez sindicatos, con 500 socios. Pronto levantarán una federación en San Bernardo. Llevan más de 23 años y tienen su historia de cambios, retrocesos y avances: “Hasta 1998, Confesima estuvo muy ligada a la Concertación y al Partido Socialista. Pero, a partir que el sistema de votación fue modificado y cada director tuvo derecho a un voto, los sindicatos grandes no pudieron seguir imponiendo el directorio. Fue un cambio trascendental que modificó el accionar. Hoy la asamblea reúne a 150 dirigentes. Se elige un directorio, pero cada dirigente debe tener un respaldo significativo. Antes, se ponían de acuerdo dos o tres sindicatos grandes y manejaban todo. Ahora se hizo más democrático y funcionamos con autonomía e independencia”, dice Saúl Vargas. Cuando la Concertación y el Partido Comunista (PC) perdieron la hegemonía, los proyectos con los cuales funcionaba Confesima se esfumaron. Lo que podría haber sido un desastre no lo fue, porque los trabajadores ya habían planteado la necesidad de la autogestión. Y lo han logrado. No reciben dineros de nadie y se financian con cuotas de sindicatos “que son de verdad” como Somela, Pinturas Sipa, Envases Cerrillos, Pinturas Tajamar, Plaza Central y Johnson’s, por nombrar sólo algunos. Para Octavio Tapia, educar es primordial, por eso en La Florida mantienen un pequeño taller de computación, inglés y danza en un colegio metodista. En Placilla, trabajadores forestales de la organización realizan clases con la comunidad. Tienen un boletín que ve la luz cada más o menos dos meses. “El Movimiento de Trabajadores Clotario Blest comenzó como alternativa en 1997. Nace de un grupo de mineros, pescadores y obreros, lo que no significa que seamos solo sindicalistas. Es un movimiento de trabajadores, estudiantes, dueñas de casa y pobladores, nace desde la base como objetivo central”. Para construir es importante rescatar la solidaridad. Cada militante vale un voto. Un sindicato pequeño vale lo mismo que uno grande. “Debemos cuidar el principio de la solidaridad”, dice Vargas. “Las grandes organizaciones están tentadas a no fortalecer a otras menores, contratan asesores propios, ‘se salvan solas’. De esta forma, lo que pudieran ganar lo pierden colectivamente cada vez que se aprueba en el parlamento una ley adversa como fue la última reforma laboral o el acuerdo al que llegó la CUT con el gobierno por el salario mínimo. ¿Por qué en un año electoral hay partidos de izquierda y multisindicales que le conceden al eventual gobierno de Bachelet, un año libre de discusión sobre el salario mínimo? El acuerdo al que llegó al CUT ni siquiera cubre el alza del pan, locomoción y combustibles. Fue un ‘combo dos por uno’ y es penoso porque días antes la CUT no tenía con qué pagar la cuenta de luz. Por eso es necesario que las organizaciones sean democráticas y se autofinancien, de otra forma no defenderán los intereses de los trabajadores y no construyen un camino unitario”, agrega. Tapia señala que el MTCB solidariza activamente con los pueblos latinoamericanos que luchan por construir un sistema justo. No se sienten representados por las organizaciones existentes: “Cuando nació la CUT en 1952, fue desde la base y había un movimiento de trabajadores. No tenían mayor ingerencia los partidos. La actual CUT obedece a partidos y hay una diferencia abismante entre lo que es y lo que fue su historia. No representa los intereses de los trabajadores. Nosotros no queremos dividir, por el contrario, queremos unidad pero desde la base. El sectarismo perjudica la construcción de una alternativa. Afortunadamente, las nuevas generaciones están eliminando resabios. Respetamos a los partidos porque han sido esenciales en el movimiento social. Pero, actualmente no representan nuestros intereses y caerán por su propio peso los que no sean consecuentes con los trabajadores”. Transformación radical Vargas dice que hay que ir a las industrias a organizar, descentralizando el escaso movimiento sindical y terminar con el sindicalismo de oficio que negocia para los pocos sindicatos grandes: “Si uno revisa la última reforma laboral, que fue fatal para los trabajadores, se negoció en función de algunos sindicatos. La gran mayoría se ve afectado por esos acuerdos CUT-gobierno. Para construir una alternativa se requiere primero organizar a los trabajadores y para eso hay que reconocer el escenario adverso. Debemos organizar pero con una perspectiva clara, con autonomía. Que las organizaciones se financien, con independencia de los partidos y desde un sindicalismo de clase, no sólo antineoliberal sino también anticapitalista, que se oponga a la explotación”. Coinciden en que no es posible desconocer el legado de los grandes dirigentes obreros, el gestor de las luchas, Luis Emilio Recabarren, y Clotario Blest, el último dirigente de los trabajadores. “Clotario está ligado a la última etapa de nuestra historia. Fue consecuente y leal. Nunca se vendió. Vivió la pobreza y como un humilde entre los humildes. No fue sólo teórico sino que encarnó en la práctica su pensamiento. Mantuvo sus principios y fue consecuente con los trabajadores, por eso rescatamos su legado”, dice Octavio Tapia. El MTCB está inserto en sectores obreros como Curanilahue, en la VIII región, en Valparaíso y Santiago. Funcionan en asambleas y encuentros -llevan cuatro- y poseen una plataforma, donde rescatan el trabajo de base como un principio: “Mientras exista explotación del hombre por el hombre seguirá la corrupción, la delincuencia y un ínfimo grupo manejará la economía. Se nos dice que el país crece y que esperemos el chorreo, que habrá más empleo, pero hemos vivido 17 años de dictadura y 14 años de democracia y no ha pasado nada bueno para los trabajadores. Si no tomamos conciencia y, como decía Clotario, no somos gestores de nuestro propio destino, es difícil que logremos construir una alternativa verdadera. Para romper con esto hay que organizarse, ser solidarios, consecuentes, tener una ética, principios claros, no usufructuar de las organizaciones ni buscar privilegios económicos, educando a los pobres, retomando la solidaridad de clase como centro. Muchos dicen que es una utopía, pero si no lo hacemos nosotros nadie lo hará”, agrega. Difícil tarea les espera a quienes se oponen a un modelo cada vez más consolidado. Según el Banco Central, la economía creció un 6,3 por ciento el primer semestre de 2005 y para el gobierno -que proyecta una cifra anual de un 6,5%-, esto se traducirá en un positivo impacto sobre el ya bajo desempleo. El propio presidente Lagos se felicitó por el resultado diciendo que “las cifras son notables” y “hablan de un país que va muy rápido”. Lo único que pareciera ir lento es la recomposición de las organizaciones antineoliberales o antisistémicas como algunos prefieren definir. Sueñan con una CUT de los trabajadores que posea independencia respecto de las centrales internacionales. “Se logró la Central Única en 1952 porque uno de los primeros acuerdos fue que no se afiliaría a ninguna central mundial”, dice Tapia. “En 1993-1994 quienes controlan la actual CUT se afiliaron a la CIOLS, lo que obligó a quienes no estaban de acuerdo a salir. Se perdió el carácter unitario por eso se debe refundar la CUT, pero de verdad. La autonomía es importante porque la CIOLS ha logrado que la actual CUT se transforme en una central del modelo, y que además dependa de dineros externos y gubernamentales. Así no hay autonomía ni construcción alternativa a nada. Es una organización que no tiene ninguna posibilidad de enfrentarse al gobierno de turno y menos al capitalismo”, agrega Vargas. Coinciden en que los trabajadores, a pesar de 14 años de democracia, siguen siendo pobres y que se ha flexibilizado a tal grado que el Código del Trabajo es sólo un gran contrato individual. Para ellos no existe libertad sindical porque no hay libertad de sindicalización, de negociación colectiva y de huelga, que es lo que exige la OIT. Se pueden constituir sindicatos, pero nadie asegurar que no despidan a sus miembros. Millones no pueden negociar colectivamente y la libertad de huelga es inexistente pues en la última reforma laboral se le puso precio al término ésta. “Una alternativa debe considerar esta realidad, enfrentar decididamente al modelo y a sus sostenedores, y caminar hacia la trasformación radical de la sociedad”, enfatiza Octavio Tapia. Descongelar a las izquierdas Luchas nuevas tienen pensamientos nuevos. El Colectivo Oveja Negra participa en la Mesa de Convergencia de Juntos Podemos y en el Movimiento para una Nueva Mayoría, donde están La Surda y Fuerza Social, que se retiraron del Podemos por la forma en que se eligió al presidenciable. También trabajan en el sector universitario. Oveja Negra es un colectivo joven, formado por profesionales y estudiantes que provienen de distintas experiencias y también independientes: “Nacimos para aportar a la unidad de las izquierdas hoy dispersas. Es nuestra apuesta. Aspiramos a la articulación de los distintos esfuerzos que hay. Nos imaginamos una suerte de Frente Amplio gigantesco, que sea capaz de unir todo este conjunto de izquierdas, con una democracia más radical tanto en el ejercicio como en las metodologías de construcción política, donde naturalmente sea primordial el trabajo desde la base, pero sin desdeñar por principio la eventualidad de apoyar candidatos a elecciones. No compartimos que Tomás Hirsch sea el presidenciable porque no fue elegido democráticamente. Se debe romper con los sectarismos y la manipulación. Muchos se desencantan o se alejan de las agrupaciones políticas por eso y por la forma en la que se imponen acuerdos que no son tales”, dice Andrés Figueroa. Eduardo Leiva, dirigente de la Agrupación Nacional de Deudores Habitacionales (Andha), señala que las medidas implementadas por el gobierno para solucionar el problema de la vivienda no han llegado a quienes más las necesitan: “El gobierno debe ampliar la condonación a todas las familias que tienen el mismo nivel socioeconómico que las ya condonadas. Frente a su negativa, iniciamos una marcha el 11 de agosto desde Concepción a Santiago”. Leiva dice que las movilizaciones son la única manera de unir y construir: “Veo que la gente pobre está pensando distinto y sabe que puede pelear por sus derechos sin que ningún político los represente. Lo único que buscan los políticos es utilizar a los más pobres”. Estos dirigentes jóvenes concuerdan en que la relación entre las organizaciones y sus miembros debe ser lo más horizontal posible. No están por la destrucción de los partidos, pero por algo no militan. Creen que hay formas nuevas de hacer política y que las nuevas generaciones tienen una forma más propia e identitaria de construir. “Si queremos construir algo debe ser un movimiento amplio y popular, pero eso mucho más difícil que la aritmética. No es una sumatoria de trozos y ya para hacer un gigante organizado apuntando hacia un mismo lugar. Estamos en una fase de iniciación”, dice Figueroa. Eduardo Leiva señala que la mayoría de los deudores no tienen cómo pagar sus dividendos. “No pedimos un perdonazo, pero sí una solución global. Han lucrado con nuestra pobreza y como dicen mis compañeros ‘si no hay solución, no hay votación para la Concertación’. Estamos dispuestos a conversar pero bajo ciertos términos porque el gobierno nos ha mentido más de una vez. Lo que hemos logrado ha sido producto de la lucha constante, de la presión durante meses, de huelgas de hambre. Al darnos cuenta de la situación en que vivíamos comenzamos a organizar, sumando, creciendo, y hemos logrado sacar de la cartera de deudores a cien mil personas, nos falta el doble de eso. Si queremos construir un sistema justo tenemos que luchar y avanzar en la unidad de todos los que luchan. Pero esto es de todos y de todos los días. Nos amenazan con aplicarnos la Ley de Seguridad del Estado, pero vamos a seguir la movilización porque los problemas siguen y el mandato nace desde las bases”. Para Andrés Figueroa la marcha anti APEC, el funeral de Gladys Marín y el 10 por ciento del Podemos en las últimas elecciones municipales son indicadores que “ayudan a descongelar a la gente que fue de izquierda y que hoy ve con mejores ojos y posibilidades una alternativa. Todavía estamos en el camino de discutir y sumar. Donde se van a ver los gallos es el 12 de diciembre. Ahí veremos si todos esos grupos que surgieron por lo electoral van a seguir en pie o desaparecerán”.
Fotos: Los dirigentes Saúl Vargas y Eduardo Leiva
* Una versión de este artículo fue publicada por Punto Final.
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Otro Chile es posible y necesario
by enviado por F Espinoza
Friday, Dec. 09, 2005 at 7:22 AM
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